¿Por qué le resultaría difícil a China atacar un portaaviones estadounidense?

 In Internacional

Los críticos de los portaviones de EE.UU. llevan «décadas» advirtiendo de los supuestos riesgos que para su supervivencia representa la actual era de misiles antibuque de largo alcance guiados con precisión. Sin embargo, a pesar de que, en los últimos años China ha sido identificada como la amenaza más probable para estos buques, la Armada estadounidense «parece mucho menos preocupada» que estos observadores, sostiene en un artículo para Forbes el analista de seguridad nacional Loren Thompson.

Según el experto, esta tranquilidad es consecuencia de las importantes inversiones de la Armada en nuevas tecnologías para reforzar las defensas de los grupos de ataque de los portaaviones, y también del cambio de sus tácticas para operar cerca de China, aunque en primer lugar, va unida a las dificultades que afrontaría China a la hora tratar de encontrar y rastrear portaaviones estadounidenses.

El desafío de encontrar el mayor buque de guerra del mundo

Aunque los buques de guerra más grandes del mundo pueden parecer objetivos fáciles, las dificultades para encontrarlos empiezan por las enormes superficies dentro de las que se pueden esconder en el Pacífico occidental. El experto recuerda que el mar de la China Meridional tiene más de 3,5 millones de kilómetros cuadrados y es solo uno de los cuatro mares desde los que las alas aéreas de los portaaviones podrían lanzar ataques contra el país asiático.

Por otro lado, «el objetivo se moverá constantemente», con lo que, aunque el Ejército chino lo detecte, ya no estará en el mismo lugar «cuando lleguen las armas», señala Thompson, precisando que el buque podría estar en cualquier lugar de un área de más de 15.500 kilómetros cuadrados en 90 minutos, que es el tiempo más probable que transcurriría entre la detección de un portaaviones y el lanzamiento de un misil desde el continente chino.

Una cadena de múltiples eslabones

En general, el analista subraya los «múltiples obstáculos» que los militares chinos tendrían que superar para atacar con éxito un portaaviones de EE.UU., desde encontrarlo y establecer «un seguimiento continuo» de sus movimientos hasta apuntar contra él con armas específicas —que tendrían que penetrar las defensas de múltiples capas del buque para alcanzar el objetivo—, así como evaluar si el daño fue suficiente para deshabilitarlo. Si algún eslabón en esa cadena falla, «todo el proceso fracasa», afirma el autor, asegurando que, además, los militares estadounidenses intentarían socavar «cada paso del proceso».

Al repasar las opciones que tiene Pekín para encontrar un portaaviones de EE.UU. —como los radares ubicados en tierra, los satélites de reconocimiento o los aviones de radar tripulados o no tripulados— el analista llega a la conclusión de que cada una tiene sus puntos débiles, por lo que ya los primeros «pasos vitales» para, sencillamente, encontrar el buque «no serían fáciles», por no hablar de los desafíos que supondría «conectar los activos necesarios para esas tareas con los otros sistemas utilizados en las etapas posteriores de la cadena» o atravesar «múltiples capas de defensas activas y pasivas» del buque.

En estas circunstancias, incluso los misiles balísticos antibuque de China con ojivas capaces de maniobrar no servirían de gran ayuda para los militares chinos si no pueden primero «encontrar, fijar, rastrear y apuntar a un portaaviones», considera el autor del artículo. Según explica, si la ubicación de la embarcación objetivo no se conoce «de forma oportuna y bastante precisa», es poco probable «que la munición alcance su objetivo».

  • El portaaviones estadounidense USS Ronald Reagan atravesó este martes el disputado mar de la China Meridional en medio de la escalada de tensiones entre Pekín y Washington.
  • Pekín reclama la soberanía sobre varios islotes y arrecifes del mar de la China Meridional y ha tomado medidas para protegerlos mediante el establecimiento de instalaciones de defensa en un área también reclamada por Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunéi. Sin embargo, el Gobierno chino afirma que está abierto a resolver cualquier disputa con sus vecinos mediante negociaciones directas, sin influencias o interferencias externas.
  • Pese a las advertencias, Washington envía regularmente buques militares a la zona para llevar a cabo misiones de ‘libertad de navegación’, acciones que son consideradas por Pekín como «movimientos de provocación», por lo que insta a detener esta práctica.

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JMSDF/U.S. Navy / Reuters

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